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lunes, 27 de marzo de 2017

¿Cuántos pares de zapatos...? ¿cuáles?

Recibí de una querida amiga y colega un e-mail que decía a propósito de otra persona:

¨Ella es una mujer linda.
Postrada, me mira con sus ojos asustados, y su sonrisa permanente.
Las dos sabemos que no habrá muchos más momentos como éste. Las dos comenzamos a conversar de cualquier cosa.
Y entonces ocurre. Ella, que ya no puede caminar, sonríe con ironía recordando que en casa, muy lejos, tiene muchos, muchos pares de zapatos…
Me dice que es gracioso éso. Ahora no puede usarlos, y muchos de ellos son preciosos: sandalias de colores, y tacos, muchos tacos, porque le gustan.
Me dice que si hubiera sabido,  ella se quedaba con dos pares nomás… Que ella no sabía cuánto podía disfrutar la vida con sólo dos pares…¨

¨Me toca mucho. Me pregunto cuántos “zapatos” voy cargando yo, sin poder disfrutar y agradecer lo que es posible vivir para mí hoy. Y pensar que es posible ser feliz  con sólo tener dos pares, o sólo unas sandalias, o sin zapatos!
Muy dentro de mí siento aflorar un GRACIAS.¨ 


"No me llega en vano" pensé, Y luego el sentimiento de inquietud que deja la reflexión de esta mujer que en la puerta, cerca de su despedida, tiene la riqueza de pensar así...

¿Y cuáles son "mis zapatos"? me pregunto, si tuviera hoy que elegir mis zapatos, ¿cuáles dos pares escogería?

En mis generosos años de vida he usado y adquirido muchos pares de zapatos, ellos me han llevado a diferentes caminos y destinos, ninguno de ellos merece que lo desprecie, sin embargo me pregunto, si tuviera que elegir los zapatos con que quiero andar mis próximos años ¿cuáles elegiría?

Los zapatos de caminar mucho, no lucen pero sirven, no desentonan pero tienen años, son los zapatos de pasear con la familia, de caminar con placer, de viajar y llegar con comodidad al corazón de los míos 
Los zapatos de campo, toscos pero recios, me han acompañado en los momentos de duro trajín, de "ensuciarse los zapatos", de andar por mundos ajenos, de acercarme a lo que no conozco, de llegar a territorios que siéndome ajenos casi siempre he sabido hacer queridos; son zapatos que también tienen la experiencia de acercarme para servir a otros y en otros casos simplemente a conocerlos.
Los zapatos de oficina, que me llevan a desplegar mi experiencia profesional cumpliendo con una de mis funciones pero exigiéndome una cuota de "formalidad", 
Los zapatos "de fiesta" los que me acompañan en los momentos en que acompaño a otros en sus "momentos importantes", en las ocasiones memorables...
Los zapatos de deportes, aquellos que me acompañaron en momentos de júbilo y tristeza, de logros y penas, de tomar la vida con pasión y cierta ligereza, me sirvieron también en los años de juegos con mis hijos, me tendieron los puentes con ellos, aún ocasionalmente lo siguen haciendo...

¿Cuántos zapatos necesito?, ¿para qué?, ¿a dónde quiero llegar o dirigirme con ellos?

Por alguna razón todo esto me lleva a pensar en la famosa poesía que dice "caminante no hay camino, se hace camino al andar..."  cada uno tiene el suyo y es responsable de él, de hacerlo, de elegirlo, no son los zapatos, es la manera como quiero VIVIR la vida...

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